El domingo en que DISCÍPULOS dejó de ser una serie para convertirse en una misión
El domingo estuvo marcado por la lluvia.
Aun así, desde temprano comenzaron a llegar las personas a El Búnker. Entre saludos, conversaciones y abrazos, poco a poco las sillas fueron ocupándose hasta alcanzar aproximadamente el 80% de la capacidad.
A las 11:00 de la mañana comenzó la reunión.
La alabanza abrió el servicio y rápidamente se convirtió en uno de esos momentos difíciles de describir solamente hablando de música. Para quienes estaban allí, Dios se movió de una manera especial mientras la congregación adoraba.

Después llegó el momento de la Palabra.
Y esta vez había algo diferente.
Durante varias semanas, El Búnker había recorrido la serie DISCÍPULOS, hablando acerca de lo que realmente significa seguir a Jesús.
Este domingo llegaba la octava y última enseñanza.
Su título parecía sencillo, pero contenía una responsabilidad enorme:
AHORA TE TOCA A TI
El texto base fueron algunas de las últimas palabras de Jesús a sus discípulos:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
Mateo 28:19-20 (RVR1960)
Después de seguir, llega el momento de ir

Los discípulos habían pasado aproximadamente tres años caminando con Jesús.
Lo escucharon enseñar. Lo vieron sanar enfermos. Lo observaron acercarse a quienes otros rechazaban. Comieron con Él. Fueron corregidos por Él. Lo vieron servir, morir y finalmente lo encontraron resucitado.
Habían recibido muchísimo.
Pero Jesús no terminó diciéndoles:
“Ahora quédense aquí disfrutando todo lo que aprendieron.”
Les dijo:
“Id.”
Durante años habían seguido a Jesús.
Ahora Jesús los enviaba.
Habían aprendido.
Ahora debían enseñar.
Habían recibido.
Ahora debían entregar.
Habían sido alcanzados.
Ahora les tocaba alcanzar.
Y ahí comenzó la confrontación de la mañana.
Porque es posible asistir a una iglesia durante años y convertir el cristianismo en una experiencia que gira únicamente alrededor de nosotros.
Llegamos.
Cantamos.
Escuchamos.
Recibimos.
Nos vamos.
Y la semana siguiente regresamos para volver a recibir.
Pero un discípulo no solamente recibe.
Un discípulo reproduce.
⸻
NO FUISTE LLAMADO SOLAMENTE A SEGUIR
Cuando Jesús llamó a algunos de sus primeros discípulos les dijo:
“Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres.”
Marcos 1:17 (RVR1960)
La invitación comenzaba con “venid en pos de mí”, pero no terminaba allí.
Jesús no estaba formando simplemente seguidores.
Estaba formando personas que eventualmente alcanzarían a otras personas.
Al principio de nuestra vida cristiana necesitamos que alguien nos ayude.
Alguien ora por nosotros.
Alguien nos escucha.
Alguien nos enseña.
Alguien tiene paciencia con nuestras preguntas.
Alguien camina a nuestro lado cuando todavía estamos aprendiendo.
Pero llega un momento en el que nosotros también debemos convertirnos en ese “alguien” para otra persona.
Quizá alguien te enseñó a orar.
Ahora tú puedes orar con alguien.
Quizá alguien estuvo contigo cuando tu vida parecía desmoronarse.
Ahora tú puedes acompañar a alguien que está atravesando su propia crisis.
Quizá alguien te habló de Jesús cuando estabas lejos de Él.
Ahora puede haber otra persona esperando que tú tengas el valor de hacer lo mismo.
Por eso una de las frases centrales de la enseñanza fue:
UN DISCÍPULO QUE NUNCA REPRODUCE LO QUE RECIBIÓ DEJÓ INCOMPLETA SU MISIÓN.
La pregunta entonces ya no es solamente:
¿Quién me está ayudando a crecer?
También necesitamos comenzar a preguntarnos:
¿A quién estoy ayudando yo?
⸻
ALGUIEN NECESITA LO QUE DIOS YA HIZO EN TI
Hay una razón por la que muchas personas nunca hablan de Jesús.
Piensan que no saben suficiente.
“No conozco toda la Biblia.”
“No sabría qué responder si me preguntan algo.”
“No sé predicar.”
“No estoy preparado.”
Pero Jesús nunca dijo que solamente quienes tienen un micrófono pueden contar lo que Él ha hecho.
Marcos 5 cuenta la historia de un hombre cuya vida había sido completamente destruida antes de encontrarse con Jesús.
Después de ser liberado, quiso irse con Él.
Pero Jesús le respondió:
“Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.”
Marcos 5:19 (RVR1960)
Jesús no le pidió una explicación teológica complicada. Le pidió algo que aquel hombre conocía perfectamente: su propia historia.
Tal vez tú tampoco tienes todas las respuestas.
Pero sabes quién eras.
Sabes dónde estabas.
Sabes qué ocurrió cuando encontraste a Jesús.
Y sabes qué ha comenzado a cambiar.
Eso también es un testimonio.
A veces pensamos que las partes dolorosas de nuestra historia solamente sirven para recordarnos lo que sufrimos.
Pero Dios puede utilizar incluso aquello.
La herida que un día te hizo llorar puede permitirte reconocer el dolor de otra persona.
El fracaso del que te avergonzabas puede darte compasión por alguien que acaba de fracasar.
El lugar del que Dios te sacó puede ayudarte a reconocer a alguien que todavía está allí.
Por eso durante la prédica se dijo:
“Tu cicatriz puede convertirse en el mapa que le muestre a alguien que sí existe una salida.”
Quizá Dios no quiere desperdiciar ninguna parte de tu historia.
Ni siquiera las que tú hubieras preferido borrar.
DIOS NO TE TRANSFORMÓ SOLAMENTE PARA CAMBIAR TU HISTORIA, SINO PARA USARTE EN LA HISTORIA DE ALGUIEN MÁS.
⸻
JESÚS TE DICE: VE
Entonces la enseñanza llegó a una palabra que aparece en la Gran Comisión:
ID.
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…”
Mateo 28:19 (RVR1960)
Muchas veces hemos pensado la iglesia alrededor de otra palabra:
Vengan.
Vengan el domingo.
Vengan al evento.
Vengan a escuchar.
Vengan a la iglesia.
Pero Jesús comenzó diciendo:
Vayan.
Eso significa que la misión de un discípulo no ocurre solamente dentro de las paredes de una iglesia.
Ocurre en tu casa.
En tu trabajo.
En la escuela.
En un restaurante.
En el gimnasio.
Con tus amigos.
Con un vecino.
Con esa persona que te llamó porque no sabe qué hacer con su matrimonio.
Con quien te confesó que está cansado de comenzar otra vez.
Con quien aparentemente está bien, pero un día decidió confiarte que por dentro está completamente roto.
No necesitas una plataforma para hacer discípulos.
Necesitas estar dispuesto a ir.
Piénsalo por un momento:
Tú estás aquí porque en algún punto de la historia alguien decidió no quedarse callado.
Alguien habló con alguien.
Ese alguien habló con otro.
Una generación alcanzó a la siguiente.
El Evangelio cruzó ciudades, países, culturas e idiomas hasta que finalmente llegó a nosotros.
Y entonces apareció una pregunta que incomoda:
¿TERMINARÁ CONTIGO?
Porque el Evangelio no llegó hasta nosotros para quedarse guardado en nosotros.
EL EVANGELIO LLEGÓ HASTA TI PORQUE ALGUIEN DECIDIÓ IR; AHORA LE TOCA A ALGUIEN RECIBIRLO PORQUE TÚ DECIDAS IR.
⸻
UNA PERSONA. 30 DÍAS.
La serie DISCÍPULOS no terminó simplemente con una frase bonita.
Terminó con un reto.
Piensa en una persona.
No diez.
No una multitud.
Una.
Una persona que todavía no está caminando con Jesús.
Y durante los próximos 30 días:
Ora por ella.
Acércate.
Sírvela.
Cuéntale tu historia.
Invítala.
Camina con ella.
No la conviertas en un proyecto.
No la trates como un número.
Ámala.
Escúchala.
Sirve.
Y permite que pueda ver a Jesús también a través de la manera en que tú decides caminar a su lado.
Porque hacer discípulos no consiste solamente en lograr que alguien llegue un domingo a la iglesia.
Se trata de caminar con personas mientras aprenden a caminar con Jesús.
⸻
Y DESPUÉS DE LA PRÉDICA, UNA HISTORIA
La enseñanza terminó.
Pero antes de la despedida ocurrió algo que, sin haber formado parte de la prédica, terminó conectándose de una manera especial con lo que acabábamos de escuchar.
La hermanita Olguita compartió su testimonio de sanidad.
Momentos antes habíamos leído las palabras de Jesús:
“Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo…”
Y ahora una persona de nuestra propia comunidad estaba haciendo precisamente eso.
Contando lo que Dios había hecho en su vida.
No necesitamos agregar detalles a su historia para comprender la fuerza de aquel momento.
La hermanita Olguita tenía algo que contar.
Y decidió contarlo.
La prédica había hablado acerca de compartir lo que Dios ha hecho con nosotros.
Ahora la congregación estaba escuchando a alguien hacerlo.
Después llegó la despedida.
Eran cerca de la una de la tarde y aquella reunión dominical llegaba a su final.
También terminaba oficialmente la serie DISCÍPULOS.
Pero quizá esa sea precisamente la paradoja de este último mensaje:
la serie terminó diciéndonos que ahora debemos comenzar.
⸻
LOS APÓSTOLES INVISIBLES TAMBIÉN FUERON
Durante esta serie hablamos incluso de aquellos discípulos cuyos nombres aparecen en la Biblia, pero de quienes conocemos muy poco.
No todos tuvieron la visibilidad de Pedro.
No todos escribieron libros que hoy forman parte del Nuevo Testamento.
No todos protagonizaron historias que todavía contamos desde los púlpitos.
Pero fueron.
Los visibles fueron.
Y los invisibles también fueron.
Dos mil años después, la misión continúa dependiendo de personas dispuestas a hacer exactamente eso.
Tal vez nunca tengas una plataforma.
Tal vez nunca prediques frente a una congregación.
Tal vez nadie conozca tu nombre fuera de tu círculo cercano.
Eso no significa que tu participación sea pequeña.
Hay alguien a quien tú puedes alcanzar.
Hay alguien que probablemente escuchará tu historia antes de escuchar una prédica.
Hay alguien que confiará en ti antes de entrar a una iglesia.
Hay alguien que necesita descubrir que todavía existe esperanza y que todavía es posible volver a empezar.
La serie comenzó enseñándonos a seguir.
Terminó recordándonos que llega un momento en el que Jesús también dice:
Ve.
La lluvia acompañó aquel domingo.
La reunión terminó.
Las personas regresaron a sus casas.
Pero la misión salió con ellas.
Y ahora la pregunta ya no pertenece solamente a quienes estuvieron allí.
También es para ti que estás leyendo:
¿QUIÉN SERÁ DISCÍPULO PORQUE TÚ DECIDISTE SERLO?




