Cuando una iglesia celebra el camino
Hay domingos que se recuerdan por una prédica.
Otros, por una celebración.
Y hay domingos en los que muchas historias diferentes parecen encontrarse en un mismo lugar.

Este fue uno de ellos.
Desde la alabanza hasta el último momento compartido en nuestra cafetería, El Búnker vivió un domingo lleno de bendiciones. Hubo oración, Palabra, graduación, familias presentando a sus niños y, finalmente, una iglesia sentada alrededor de las mesas simplemente disfrutando estar junta.
La mañana comenzó con alabanza.

Antes de certificados, fotografías o celebraciones, la iglesia hizo lo que está en el centro de todo: reunirnos para adorar a Dios.
Después llegó el momento de abrir la Palabra.
Comenzamos un nuevo camino
El pastor Emilio tuvo a su cargo la prédica e inauguró una nueva serie para nuestra iglesia:
EL CAMINO DE LA ORACIÓN
Su primer mensaje llevó por título:
“La oración extraordinaria de un hombre ordinario”.
La enseñanza comenzó con unas palabras breves de Jesús que establecieron el fundamento para todo lo que vendría después:
“… tengan fe. En Dios.”
Marcos 11:22
Pocas palabras.
Pero una enorme verdad.
La oración comienza entendiendo en quién hemos puesto nuestra confianza.
No se trata simplemente de tener fe.
Se trata de tener fe en Dios. EL CAMINO DE LA ORACIÓN PARTE 1
Un hombre ordinario
Para mostrarnos lo que puede suceder cuando alguien aprende a confiar en Dios, el pastor Emilio nos llevó a la historia de Elías.
Y antes de mirar los acontecimientos extraordinarios de su vida, encontramos una descripción que lo acerca mucho más a nosotros:
“Elías era un hombre de pasiones, semejantes a las nuestras…”
Santiago 5:14
Elías no aparece como un personaje incapaz de sentir lo que nosotros sentimos.
Era un hombre.
Un hombre que tuvo que caminar, obedecer, esperar y depender de Dios.
Pero ese hombre ordinario conocía a un Dios extraordinario.
Y cuando llegó delante del rey Acab declaró:
“Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.”
1 Reyes 17:1

De allí surgió una de las verdades centrales de la enseñanza:
LA ORACIÓN EXTRAORDINARIA SE ALINEA CON LA VOLUNTAD DE DIOS, QUE HA REVELADO EN SU PALABRA.
La oración no consiste solamente en presentar nuestros deseos delante de Dios.
También significa conocer lo que Dios ha dicho y aprender a caminar de acuerdo con su Palabra.
Cuando Dios te lleva a Querit
Después de enfrentar a Acab, Dios llevó a Elías a un lugar completamente diferente: el arroyo de Querit.
Allí no había multitudes.
No había palacio.
No había reconocimiento.
Había un arroyo, un hombre obedeciendo y un Dios que había prometido sustentarlo.
La Biblia dice:
“Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo.”
1 Reyes 17:6
Dios estaba allí.
Proveyendo.
Sosteniendo.
Cumpliendo su Palabra.
Hasta que un día el arroyo se secó.
Y entonces Elías tuvo que continuar caminando.
Sarepta: confiar cuando queda muy poco
Dios envió a Elías a Sarepta.
Allí encontró a una viuda recogiendo leña. La situación de aquella mujer era desesperada: solamente tenía un puñado de harina y un poco de aceite.
Estaba preparando lo último que tenía para ella y para su hijo.
Pero Elías le dijo:
“No tengas temor; ve, haz como has dicho…”
Y después llegó una promesa:
“La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá…”
1 Reyes 17:13-14
La mujer creyó.
Obedeció.
Y la provisión llegó.
La harina no escaseó y el aceite no disminuyó, exactamente como Dios había dicho.
Pero todavía faltaba el momento más difícil de la historia.
Cuando ya no queda nada que hacer
Después de experimentar aquella provisión, el hijo de la viuda enfermó.
Y murió.
Elías tomó al niño, lo llevó al aposento y clamó a Jehová.
Entonces apareció otra de las grandes verdades de este primer mensaje:
LA ORACIÓN EXTRAORDINARIA ES LA QUE ESPERA EN UN DIOS VIVO.
Elías oró:
“Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él.”
Y la Escritura registra lo que sucedió después:
“Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.”
1 Reyes 17:22
Hay una frase allí que no podemos pasar por alto:
Jehová oyó la voz de Elías.
El Dios de Elías estaba vivo.
El Dios de Querit seguía siendo Dios cuando el arroyo se secó.
El Dios que multiplicó la harina y el aceite seguía siendo Dios cuando llegó la tragedia.
Y aquel hombre ordinario podía clamar porque sabía delante de quién estaba.
Quizá esa sea una de las verdades que debemos llevarnos al comenzar esta serie:
Lo extraordinario no estaba en Elías. Lo extraordinario estaba en el Dios a quien Elías oraba.
También fue tiempo de celebrar
Después de la prédica llegó un momento muy especial para nuestra iglesia: la graduación de Tiempo Perfecto.
No era simplemente entregar certificados.
Detrás de cada persona había un proceso.
Tiempo invertido.
Enseñanza recibida.
Decisiones.
Crecimiento.
Pasos que alguna vez comenzaron pequeños y que este domingo podían celebrarse delante de toda la iglesia.
Los pastores Emilio, Saray, Paola y Ronald participaron en la graduación, acompañando y reconociendo a quienes culminaron esta etapa de formación.

Y mientras unos celebraban haber completado una etapa, inmediatamente después vivimos una imagen completamente diferente, pero profundamente conectada con la anterior.
Una nueva generación delante de Dios
El pastor Ronald tuvo a su cargo la presentación de niños.
Familias se acercaron con sus pequeños para vivir uno de esos momentos que permanecen en la memoria.

Y había algo hermoso en el orden de lo que acabábamos de vivir.
Primero vimos personas que habían avanzado en su formación.
Después vimos padres presentando delante de Dios a quienes apenas están comenzando su historia.
Unos terminaban una etapa.
Otros apenas comienzan el camino.
Pero todos forman parte de una misma familia.
El domingo no terminó con el servicio
Después de la presentación de los niños llegó el momento de concluir.
Pero muchos no se fueron.
La celebración continuó en nuestra cafetería.
Hubo comida, conversaciones y tiempo para compartir.
Y quizá esa fue una de las mejores imágenes para terminar el día.
Personas que minutos antes habían adorado juntas, escuchado la Palabra juntas, celebrado una graduación y acompañado a nuestras familias, ahora estaban sentadas alrededor de las mesas simplemente disfrutando estar juntas.
Porque la iglesia también sucede allí.
Sucede cuando conocemos el nombre de quien está sentado a nuestro lado.
Cuando celebramos los pasos de otros.
Cuando nuestros niños crecen rodeados de una comunidad.
Cuando una conversación continúa después del último “amén”.
Este domingo vimos diferentes momentos de una misma historia.
Adoramos.
Aprendimos.
Celebramos a quienes avanzaron.
Presentamos a quienes comienzan.
Y terminamos compartiendo alrededor de una mesa.
Mientras comenzamos El Camino de la Oración, nos queda una verdad para llevar durante esta semana:
No necesitamos ser extraordinarios para acercarnos a Dios.
Elías era un hombre como nosotros.
Pero oraba a un Dios extraordinario.
Y ese Dios sigue vivo.
El Búnker
Un lugar seguro para volver a empezar.
