Prédica del domingo | Pastor Ronald Díaz
Texto base: Mateo 6:21
“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
El pastor Ronald Díaz compartió un mensaje que invitó a la iglesia a examinar aquello que realmente ocupa el primer lugar en la vida del creyente. Basado en las palabras de Jesús, explicó que el tesoro de una persona no se mide únicamente por sus bienes materiales, sino por aquello a lo que dedica su tiempo, sus recursos, sus pensamientos y sus prioridades.
Para introducir el tema, recordó que una persona diligente procura cuidar sus ahorros y proteger aquello que considera valioso. Sin embargo, hizo una pregunta que llevó a la congregación a reflexionar: ¿qué estamos atesorando realmente?
“Muchos piensan: ¿qué reloj me voy a poner hoy?, ¿qué traje me colocaré?”, comentó. Aclaró que el problema no es disfrutar de las bendiciones que Dios concede, sino permitir que las preocupaciones de esta vida ocupen el lugar que solo le corresponde al Señor.
También llevó el mensaje al entorno familiar. “Decimos que amamos a nuestra pareja, pero ¿cuándo fue la última vez que tuviste un gesto con ella? Decimos que amamos a nuestros hijos, pero ¿cuándo fue la última vez que fueron juntos a un parque o compartieron tiempo de calidad?”
El pastor explicó que el verdadero problema no está en conocer lo que es correcto, sino en permitir que ese conocimiento transforme el corazón. Jesús sabía que el corazón humano puede engañarnos; por eso no nos pidió seguir nuestras emociones, sino observar nuestro tesoro, porque allí se revela aquello que verdaderamente valoramos.
Punto 1. Tu tesoro revela lo que más valoras
El primer principio fue claro: nuestro tesoro siempre revela nuestras prioridades.
El pastor Ronald animó a la iglesia a disfrutar de las bendiciones que Dios concede.
“Comparta. Disfrute a su familia. Si tiene un viaje, ¡vaya! Tómese fotografías.”
Sin embargo, enfatizó que ninguna de esas bendiciones puede desplazar a Dios del primer lugar.
“Nuestra prioridad es el Señor; el resto del tiempo también debemos administrarlo sabiamente.”
Advirtió que el problema no son las posesiones, sino cuando la prosperidad y las preocupaciones terminan robando el lugar que le pertenece a Dios.
Asimismo, recordó que el Señor desea bendecir a sus hijos, pero nunca permitirá que las bendiciones se conviertan en un obstáculo para la comunión con Él.
La reflexión quedó resumida en una pregunta:
¿Cuál es realmente tu prioridad?
Porque aquello que más valoramos siempre recibirá lo mejor de nuestro tiempo, nuestras fuerzas y nuestro corazón.
Punto 2. Un discípulo no solo disfruta las cosas; también las cuida
Texto base: Hageo 1:4
Tomando como referencia el libro de Hageo, el pastor explicó que el problema del pueblo de Israel no era construir casas bonitas o vivir cómodamente. El verdadero conflicto era que habían dejado abandonada la casa de Dios mientras invertían todos sus esfuerzos en sus propios intereses.
A todos nos gusta una iglesia cómoda: limpia, que los niños estén bien cuidados, sillas cómodas , un ambiente digno, el sonido que suene bien , un ambiente donde se pueda recibir Paz , buena enseñanza, buen aire acondicionado, pero esto no se mantiene solo , acotó el pastor Díaz .
Pero recordó que un discípulo entiende que las bendiciones nunca deben desplazar al Dador.
“Un discípulo no solo disfruta las cosas; también las cuida.”
Durante este punto compartió una reflexión que redefinió el concepto de riqueza:
“La riqueza no consiste en tener grandes posesiones, sino en tener pocas necesidades.”
La verdadera prosperidad, explicó, no depende de cuánto se posee, sino de aprender a vivir satisfechos con la provisión de Dios.
Concluyó afirmando que una de las mayores bendiciones consiste en tener lo suficiente para vivir y, además, poder compartir con quienes lo necesitan.
Punto 3. Dios no busca donantes; busca discípulos
En la parte final de la prédica, el pastor Ronald Díaz hizo una aclaratoria contundente sobre el verdadero llamado del Evangelio: Dios no busca simplemente personas que den dinero; Dios busca discípulos.
Con evidente quebranto en su voz, expresó:
“Nunca te voy a vender falsas esperanzas, ni te voy a decir que pactes con dinero.”
Afirmó que el mensaje de Cristo no puede reducirse a promesas de prosperidad económica ni utilizarse para manipular la fe de las personas. El discipulado va mucho más allá de una ofrenda: implica entregar la vida, el tiempo, los talentos y el corazón al servicio del Reino de Dios.
El pastor recordó que Jesús nunca llamó a sus seguidores a ser espectadores. Los llamó a participar activamente en la expansión del Reino.
Por ello compartió una de las frases centrales del mensaje:
“El discípulo deja de ser un consumidor y se convierte en un jugador.”
Explicó que muchos creyentes permanecen en las gradas observando lo que otros hacen, mientras Dios los está llamando a entrar en la cancha.
Un discípulo no espera a que le asignen una tarea. Tiene un corazón dispuesto y pregunta:
“Pastor, aquí estoy. Soy bueno en esto. ¿Dónde puedo servir?”
Quien ha entendido el llamado de Cristo pone a disposición de Dios sus capacidades, su profesión, su tiempo y sus dones, comprendiendo que cada talento puede convertirse en una herramienta para bendecir a otros.
El pastor también exhortó a la iglesia a no conformarse con una fe pasiva o de comodidad.
“No hablamos de una iglesia cómoda, porque la comodidad no te lleva al cielo.”
Seguir a Jesús requiere compromiso, obediencia y una decisión diaria de dejar la posición de espectador para convertirse en un discípulo activo.
Finalmente, cerró con un llamado lleno de esperanza para toda la congregación:
“Quiero gente que se sume a la cancha. No te conformes. Te quiero ver bendecido. Aquí te vamos a motivar, aquí te vamos a enseñar. Te quiero en el equipo. Mi anhelo es que seas prosperado.”
Con estas palabras, el pastor Ronald Díaz recordó que el propósito de la Iglesia no es formar simples asistentes o donantes, sino discípulos comprometidos que vivan para Cristo y participen activamente en la obra de Dios.
Conclusión
La prédica dejó una pregunta que cada creyente debe responder con sinceridad: ¿Dónde está hoy mi tesoro?
No basta con decir que Dios ocupa el primer lugar; nuestras decisiones, la forma en que administramos el tiempo, los recursos y los talentos revelan aquello que realmente gobierna nuestro corazón.
El llamado de Jesús es a vivir un discipulado auténtico: disfrutar las bendiciones sin convertirlas en ídolos, servir con generosidad, invertir en el Reino de Dios y pasar de ser simples espectadores a discípulos comprometidos.
Porque, como enseñó Cristo, “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).





